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Educacion Permanente / Otras Actividades Cientificas   ImprimirConsultar

 ‭(oculto)‬ Otras Actividades Cientificas

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“El farmacéutico no es un empresario es un profesional al servicio de la salud”

La Farmacéutica Amalia Rosa Zandoná tiene 87 años. Esta amable señora, nos cuenta prácticamente su vida profesional y personal. Si te quedas a leer toda la nota, te vas a enterar, por medio de esta experiencia e historia de vida, porqué la profesión Farmacéutica “es la más noble”. Se recomienda su lectura, esta entrevista no tiene desperdicio.

Cuénteme Amalia, ¿cómo eran los años de su formación académica para ser Farmacéutica? ¿Qué ideal de Farmacéutico se pretendía en aquella época?

En julio de 1950 me recibí de farmacéutica en la Universidad Nacional de Córdoba donde vivía con mi familia. Mis primeros años, hasta los 8, los pasé en Italia en Venecia, provincia de Treviso, pueblo Castelcuco (norte de Italia) donde nací en 1927. Después vine a la Argentina, donde ya estaba mi padre Primo Zandoná desde 1927. Se había venido por la Guerra del 39 de la que ya se hablaba. En agosto de 1934 llegamos mi madre Benedetta Bastianon, mi hermana Noemí y yo. Mis padres eran personas humildes y muy trabajadoras. Mi padre trabajaba en la fábrica militar de aviones en Córdoba Capital. En Argentina nacieron mis otras hermanas: Rosa y María Luisa. Cursé primario y secundario todo muy bien en Córdoba y luego quería ingresar a la Universidad. Acá empieza mi elección como farmacéutica. Mis padres me preguntaban qué pensaba y yo les dije que no quería que nadie me mandara. Mi idea era ser independiente y me gustaba lo que tenía que ver con salud. Dije: Voy a ser Farmacéutica. Mis padres me dijeron: ¿Cómo vas a elegir esa carrera que son todos hombres? Les dije que ellos me educaron muy bien y que no tuvieran miedo, que sabía cómo comportarme. Como ellos no podían costearme la inscripción a la universidad, me puse a preparar alumnos de matemática y así junte los 180 pesos que necesitaba para la inscripción ya que, a diferencia de ahora, que la Universidad es gratis, en mi época era para gente pudiente. Pero me puse firme y conseguí entrar. Empecé a cursar y, como había estudiado máquina y taquigrafía, sacaba las clases en taquigrafía y a la noche las pasaba en limpio y con un mimeógrafo sacaba varias copias y las vendía al día siguiente a los compañeros, y así tenía el dinero para el colectivo. Para los libros no tenía plata para comprármelos pero mis compañeros me los prestaban. Esto lo hice hasta el 3er, año luego pensé en recibirme lo más pronto posible y así llego el 21 de julio de 1950 en que me recibí a los 23 años. Cuando recibí mi título no había colación de grados. El rector nos citaba y en fila nos entregaba el diploma. Y en ese momento pensé: ¿qué hago ahora? En la universidad ponían carteles diciendo dónde había trabajo. Encontré en Las Perdices (un pueblito lejano de Córdoba) pero el día que salí al centro de la ciudad para comprarme ropa para el viaje encontré un señor anciano amigo que me preguntó: "¿Señorita, cuándo se recibe de Farmacéutica?" Cuando le dije que ya era Farmacéutica y que viajaba a Las perdices me dijo: "Venga que mi patrón que es un abogado la necesita YA" El abogado era el doctor Jorge Nuñez. Al Dr. Nuñez (que luego fue rector de la Universidad Nacional del Córdoba) no lo conocía. Cuando me vio me preguntó si era mayor de edad, me llevó a conocer la farmacia en Barrio Jardín (barrio de la ciudad de Córdoba, frente a la cancha de Talleres). Allí me preguntó si me gustaba la farmacia, le dije que estaba encantada y que tenía que comunicárselo a mis padres que se iban a poner contentos. El mismo Jorge Nuñez fue quien mandó el telegrama a Las perdices avisando que yo no iba a ir allí. Cuando se lo conté a mis padres, mi papá me dijo que iba a pedir licencia en la fábrica de aviones por un mes para ayudarme a mí en la farmacia, para no dejarme sola. El lunes siguiente me hice cargo de la farmacia con tanta alegría porque se había cumplido mi sueño. Venían los pacientes y ellos mismos me decían dónde estaban las cosas porque yo todavía no sabía la ubicación. Me decían: "quiero un Dazolín", yo los tenía atrás y no sabía. Tuve que levantar la farmacia porque no andaba bien cuando yo entré pero a los pocos meses tenía una muy buena clientela. Venían con la receta y me preguntaban qué decía la receta, qué eran, cómo lo tenían que tomar. Siempre me puse en el lugar que yo fuera la paciente que me tenía que atender el Farmacéutico, asique les explicaba bien que tenían que tomarlo con agua (no había en esa época tanta noción de que tenían que tomarlo con mucho liquido). Además tenía que preparar yo misma los medicamentos porque en esa época no venían todos preparados. Tenía que hacer , por ejemplo, agua d’alibour, supositorios, óvulos, sellos antigripales, agua blanca, crema diadermina, etc. (ahora ya vienen hechos).

No puedo quejarme de ningún paciente. En mis horas libres leía libros sobre farmacología. Pasaron dos años y la sociedad entre Jorge Nuñez y el fundador del barrio – su socio- se disolvió, entonces me dijeron, que me la ofrecían a mí, si quería comprar la farmacia. Yo ahorraba todos los meses pero no me alcanzaba la plata y mis padres no podían ayudarme en eso. Hable con una droguería de Córdoba (droguería Helman) que me ofreció ayuda para comprarla. Me arriesgué y la compré. Así, a los 25 años fui dueña de mi farmacia "Zandoná". Yo siempre tuve la idea de que esa farmacia fuera mía. Estando en Barrio Jardín encontré al amor de mi vida, un odolóntologo: Francisco Rigatuso, que vivía a media cuadra de la farmacia. Nos enamoramos y nos casamos cuando yo tenía 30 años. Al año nació mi hija: Elizabeth Mercedes. Después de unos cuantos años decidí vender la farmacia de Córdoba porque quise seguir Bioquímica. Fui ayudante en la universidad (practicante menor y practicante mayor). Hice cursos, rendí 4 finales y justo en esa época mi esposo recibe una revista que le había mandado mi cuñado el Dr. Carmelo Rigatuso, de Río Cuarto, donde decía que necesitaban un farmacéutico y un Odontólogo en el pueblo Pedro Luro. Ese fue mi inicio de vida en la Provincia de Buenos Aires en el año 1963.

¿Cómo era Bahía Blanca y Pedro Luro en esa época? Teniendo en cuenta su clima y alejado de las capitales más grandes .

Llegué a Luro en 1963. Nadie puede imaginarse la arenita que corría por mis piernas, el viento, la tierra, el salitre blanco. Mi hija que tenía 5 años preguntaba si eso era nieve pero era salitre. Mucho contraste con el paisaje verde y lleno de gente de Córdoba. Durante un año alquilamos casa y nos tenían contratados a los dos como Odontólogo y Farmacéutica del pueblo. Luego compré esa farmacia con la plata de la venta de la farmacia de Córdoba y con el trabajo de ese año en la farmacia de Luro. Me tuve que acostumbrar al clima. Atendía a mis pacientes. Al ser un pueblo donde nos conocíamos todos, le fiaba a mucha gente que venía y me decía que no tenía plata para pagar los remedios.

Estando en un pueblo era difícil tener acceso a cursos. No había la tecnología de hoy en día. No podía viajar y dejar la farmacia sola para hacer cursos en La Plata o Bahía Blanca porque no se puede dejar una farmacia sin un farmacéutico al frente porque el paciente siempre espera una palabra dulce del farmacéutico, un consejo. En el año 1980, en el Rodrigazo, me vi obligada a vender la farmacia, pero tuve suerte y en el acto tuve trabajo como directora técnica en Tres Arroyos, donde la pasé muy bien en la farmacia intersindical. En el 84 nació mi nieto Pablo en Bahía Blanca y pedí traslado a la Intersindical de Bahía. Años después nació en Bahía mi nieta María Laura. Allí trabaje 11 años hasta que me contrataron en la Farmacia Lipstein también como Directora Técnica, donde trabajé hasta los 73 años, cuando me jubilé.

¿Era lindo o difícil vivir allí, sobre todo pensando en la Farmacia? ¿Necesitaba mucha ayuda?

Al ser Pedro Luro un pueblo los pacientes necesitaban mucha más ayuda. Venían en la hora de la siesta a que les explicara. Que les explique lo que decía la receta. Al ser un pueblo tenía que estar disponible todo el tiempo. Estaba siempre disponible para los pacientes, atendía en cualquier momento por una ventanita que tenía, también domingos y feriados por esa ventanita. Jamás pude almorzar tranquila con mi esposo por atender a mis pacientes. Me dediqué alma y vida a la farmacia ahí. Mi esposo se quejaba.

Una vez que pudo concluir ese sueño de ser Farmacéutica, ¿Cómo hizo para adquirir la farmacia que funcionó entre 1963 y 1980 en Pedro Luro? Escríbame esa experiencia.

Como ya le conté, pude comprar la farmacia gracias a la venta de la farmacia de Córdoba y de mi año de trabajo en Pedro Luro como Farmacéutica contratada.

¿Por qué tuvo que vender la Farmacia? Una vez que se jubilo, ¿a qué se dedicó después?

Como le conté anteriormente, la farmacia de Córdoba la vendí porque quise dedicarme a seguir estudiando bioquímica también y complementar mi formación de farmacéutica. Siempre pensando en volver a tener farmacia. La de Pedro Luro la vendí por el Rodrigazo que complicó la situación económica. Cuando la vendí trabajé un tiempo como docente de Matemática, Física, Química en colegios secundarios de Pedro Luro y Ascasubi. Pero después quise retomar mi labor en Farmacias y seguí trabajando como Directora Técnica hasta mis 73 años.

Cuando me jubilé ya había fallecido mi esposo y pensé: ¿qué voy a hacer ahora?. Volví al Colegio de Farmacéuticos. Unos años después de haber llegado a Bahía en 1984 había comenzado a participar en la Comisión Científica del Colegio de Farmacéuticos de allí. Hacía cursos, me vinculaba con colegas, cosa que no podía hacer cuando estaba en Pedro Luro. Pero luego mi marido enfermó y tuve que dejar de participar en la Comisión hasta su fallecimiento.

¿Como era su relación con los que iban a su farmacia? Además, cómo ve la relación entre Farmacéutico / pacientes, ¿para usted son pacientes o potenciales clientes?

La relación era muy buena, muy cálida, muy cercana. Para mí son pacientes porque son personas que vienen a buscar una tranquilidad, asique para ellos el Farmaceútico era como un médico sin serlo. Los que venían eran enfermos o gente que compraba medicamentos para los familiares enfermos. Hay que comprenderlos porque ellos vienen con su dolor. Sino no vendrían a la farmacia irían a una perfumería. Venían y me contaban cosas de la vida. Yo prestaba mis oídos a los problemas de cada uno.

¿El farmacéutico para tener éxito, ¿tiene que entregarse completamente a su profesión, dejando de lado inclusive a su familia? ¿Como hizo usted con su familia?

Mi familia acá en Bahía está conformada en la actualidad por mi hija, su marido Daniel, mi nieto y mi nieta. Mi esposo falleció en 1998. La verdad yo me entregué por completo a mis pacientes y descuidé bastante a mi familia. En un pueblo como Luro, por ejemplo, necesitaban algo a cualquier hora y allí estaba yo presente. Sean la 1, la 3 la 4 de la mañana. Además venían de la zona (Ascasubi, Buratovich, Pradere), no solamente de Luro. Mi farmacia estaba a 200 metros del hospital así que de ahí venían a la farmacia. Hay que dedicarse con alma y vida a la farmacia pero nunca descuidar a la familia. Igualmente, por ejemplo, me hacía tiempo para ir a visitar a mis padres y hermanas a Córdoba. Me tomaba el colectivo un sábado a las nochecita, llegaba a Córdoba a las 10 de la mañana masomenos, veía a mi familia y a las 5 de la tarde del mismo día volvía para Pedro Luro porque no quería dejar la farmacia sin Farmacéutico. Ahora con la tecnología es más fácil y me puedo conectar permanentemente con mis hermanas por skype.

Usted nunca dejó de actualizarse, ¿Qué la motiva a sus años a seguir estudiando?

En mi época no tenía dónde recurrir para despertar mis neuronas. Cuando surgieron los cursos para mí fue maravilloso porque ahí vi cuántos conocimientos importantes nuevos necesitaba yo saber para transmitirle a los pacientes. Hasta ahí yo me instruía con libros que compraba sobre medicamentos y me guía por la Farmacopea. Ahora que ya estoy jubilada me encanta estar con mis compañeras, con mis colegas que son las personas gracias a los que volví a la comisión científica del colegio farmacéutico y me llenan de afecto. Cuando volví a la comisión vi la necesidad que tenía de conocer los remedios nuevos, el uso, las reacciones adversas, cómo tenían que tomarla la gente, la atención al paciente. Todas las indicaciones. Con los cursos mantengo mi cabeza activa y lo hago por vocación. Yo elegí esto por vocación. El que elige una carrera tiene que hacerlo por vocación. A mí me apasiona todo lo que tiene que ver con farmacia. Ahora que estoy jubilada lo que aprendo en los cursos lo uso para la vida cotidiana y para formarme. Uno como Farmacéutico, aunque sea jubilado, tiene que estar informado para seguir aconsejando a los pacientes. En el barrio donde vivo en Bahía Blanca los vecinos me piden que les tome la presión, que les explique cómo tomar alguna medicación o que les lea alguna receta que no entienden.

¿Está usted de acuerdo con los cursos que se dictan desde el Colegio de Farmacéuticos de la Provincia de Buenos Aires, a través de su Departamento de Educación y Actualización Profesional? ¿Considera usted a la Educación y Actualización importante para un Farmacéutico? Expláyese lo que considere necesario.

Sí, como acabo de señalar estos cursos son maravillosos y brindan oportunidades fabulosas para la educación y la actualización de los farmacéuticos, que son dos cuestiones fundamentales en su vida profesional. Además en los cursos junto con mis compañeras me encanta estar con la gente joven que a uno lo carga de energía positiva. Algunos de los tantos cursos que realicé abordaron problemáticas referidas, por ejemplo, a infecciones urinarias, taller de atención farmacéutica, práctica de preparados.También son importantes los cursos que se dictan a distancia, como uno que hice sobre el dolor y la participación y asistencia a Congresos y Jornadas farmacéuticas, como las que acabamos de tener en Bahía Blanca organizadas por el Colegio y la Universidad.

Y en los distintos cursos me encargo de sacar fotos para el Colegio.

Desde una reflexión profunda, ¿Qué modelo de Farmacéutico ve usted que se implementa ahora? ¿Y cuál debería ser según su visión?

Para mí una farmacia tiene que estar siempre con un farmacéutico al frente al servicio de los pacientes, que aplique todos sus conocimientos y que esté muy actualizado. Hay que mirar al paciente con amabilidad, cariño, escucharlo, guiarlo, explicarle, ayudarlo a leer las indicaciones, esa es la función para mí que el Farmacéutico tiene que tener en la farmacia. Un Farmacéutico que ayude al paciente y no lo vea como cliente porque viene con dolores y problemas de salud, propios o de personas cercanas. Cliente es el que compra en un kiosco, en una panadería, etc .En las farmacias son pacientes.

Claro que muchas veces es difícil atender a todo y actualizarse por todas las cosas de las que se tiene que ocupar un farmacéutico en este momento: las obras sociales, los bancos, la trazabilidad, la validación de los remedios. Cada vez tiene más responsabilidades administrativas. Y el farmacéutico no es un empresario es un profesional al servicio de la salud.

Desde su experiencia, ¿Qué mensaje / consejo les da a los Farmacéuticos más jóvenes y no tan jóvenes, que quieren tener su Farmacia o que recién se inician en este camino?

El farmacéutico para tener éxito tiene que entregarse completamente a su profesión. Siempre digo: la profesión farmacéutica es la más noble. Yo la amo y por eso sigo estudiando, porque adquirí importantes conocimientos a través del perfeccionamiento continuo, que no los pude tener al principio de mi carrera. Doy gracias a los cursos. Uno aprende mucho los últimos descubrimientos de la ciencia, enfermedades y demás. Diría a los jóvenes y no tan jóvenes farmacéuticos que no dejen de actualizarse, no se alejen del colegio farmacéutico. Aprovechen todos los cursos que se presentan para poder aplicar después los conocimientos a los pacientes de su farmacia. Piensen que ser farmacéutico es un compromiso social, profesional y humano.

Justamente, la comisión científica suele ir a dar charlas a los colegios. Un día la presidenta nos propuso hablar sobre el dengue en las farmacias. Y yo dije que no tenía farmacia ni trabajaba en una porque estoy jubilada: ¿Qué hago? Entonces se me ocurrió dar charlas a la gente que recibe los bolsones de PAMI en los barrios, y así lo hice. Fui a dar una charla en el momento de la entrega de los bolsones. Aparte, como hice y hago cursos de Pami en la Universidad Nacional del Sur, un día en clase en el curso pedí que me permitieran dar esa charla a los alumnos y terminé dando yo la clase sobre dengue a todos los del curso, que son adultos mayores. También en el marco del programa FARCAVI (Farmacéuticos por la calidad de vida) acompañé a dar charlas sobre educación sexual y alimentación a chicos de 6to y 7mo grado. También, hace poco, estuvimos un día recolectando medicamentos vencidos y otros residuos ambientales farmacéuticos en el playón de la universidad. Como decía antes: asumir un verdadero compromiso más allá del mostrador de la farmacia.

Fotos de Amalia:

Tipo: CURSO
Lugar:
COLEGIO DE FARMACEUTICOS DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES calle 5 N° 966 (1900) La Plata Tel (0221) 4290900 Lineas rotativas - farmaceuticos@colfarma.org.ar -